lunes, 11 de junio de 2012

La decepción


La decepción es solo una estación más de tren.
Inevitable no parar y mirar de cerca el anden. Es necesario sentarse en un banco desteñido y destartalado, leer un periódico arrugado y usado, tomar un café amargo en la cantina y charlar con un camarero de estudios sin salida.
El paso por esta estación no es grata ni mucho menos, la decepción es un rasgo al que tememos, un zarpazo en el corazón que deja ponzoña como rastro. Pero muchas otras estaciones te esperan y justo cuando subes al tren de color verde esperanza, te sientas en el asiento de maquinista y miras detrás de la ventana pero no con los ojos sino con el alma, ves que en aquel banco desteñido y destartalo una pareja juró amor eterno, que aquel periódico anunciaba el nacimiento de un niño que alguien deseaba y  que aquel café amargo solo necesitaba azúcar que podrías haber pedido a aquel camarero de estudios sin salida amante de la vida.
Al igual que muchos otros y aun con la ponzoña fresca, enciendes los motores y continúas hacia el siguiente destino. Porque la estación de la decepción y muchas otras son lugares que debes visitar para seguir avanzando.

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