Era lunes por la mañana y no había quien me levantase.
-vamos Sara, hija, tienes que ir al instituto.
-¡no quiero!
-no vamos a discutir si no estas en pie dentro de cinco minutos te llevare en pijama.
No tuve mas remedio que levantarme y empezar a vestirme. Como llegaba tarde no desayune nada.
-buenos días.
Dijo Sofía cuando entré en clase.
-¿te as vuelto a quedar dormida?
-sí, algo así.
El director entro firme a clase, como siempre. Con ese traje gris tan horrible que me recuerda a Hitler.
-alumnos, el profesor Gustav dejara de asistir a nuestra institución temporalmente por problemas personales. Mañana llegara su nuevo tutor. Ahora les pido que se mantengan dentro del aula hasta la siguiente clase.
Después de decirnos todo eso se marcho. La verdad es que todos nos preguntábamos que le podría haber pasado al profesor Gustav.
-ojala esté bien.
Dijo Ángela.
-si...pero, ¿quién será el nuevo profesor?
Preguntó Marta que aunque era muy callada era una cotilla.
El resto de la mañana no paso nada interesante, seguimos dando clase. Cuando salimos del instituto Marta y Sofía se fueron a casa, pero Ángela y yo llevábamos dos semanas preparando una aventura. Ese día la frontera se abría para la entrada y salida de mercancías que llegaban de las minas que se explotaban en Colombia. La verdad es que nos parecía interesante ver como entraban los camiones llenos de minerales y también llenos de militares que habían salido del país para controlar la paz de los países cercanos. Cuando llegamos al campo de descarga de mercancías nos escondimos detrás de unos arbustos, estaba prohibido el paso de la población que no pertenecía al ejercito ni a los trabajadores de las minas, pero hoy llegaba el hermano de Ángela, que se marchó a México como militar. Cuando abrieron la frontera sentí algo en el estomago, era en parte un sentimiento de felicidad porque por fin podríamos ver a nuestros padres , amigos, hermanos...pero la verdad es que saber que en esos camiones no solo llegaban nuestros familiares, sino todo lo que les estábamos quitando a otros países a la fuerza. No me sentí orgullosa de nuestra patria en aquel momento.
Sin darme cuenta Ángela había desaparecido de mi lado y corría a los brazos de su hermano, estaba completo, sano y salvo. No pude evitar que se me escapasen algunas lágrimas. Para mi Matías (el hermano de Ángela) era como mi hermano. No pude evitar el impulso de salir corriendo para abrazarlo yo también pero no tuve la misma suerte que Ángela.
-¡alto joven!
Dijo una voz grave que imponía respeto. Me gire y allí estaba, era alto, tenía unos brazos que hacían el doble de los míos y uno ojos verdes que parecían gritar ayuda.
-no puedes estar aquí.
-ya, lo siento es que…
-es que nada, será mejor que te vallas antes de que te vea un oficial.
· ¿oficial? ¿usted no es oficial?
-niña vete, este no es lugar para una dama.
No pude decir nada más, se dio media vuelta y se fue en dirección al pueblo.
-¡Sara! ¿Estás bien?
-¿qué? sí, estoy bien.
-hola Sara, cuanto has crecido.
Dijo Matías.
-vamos, será mejor que os lleve a casa.
Cuando llegamos a casa de Ángela no había nadie, sus padres habían salido.
Ángela hizo café para los tres.
-¿como se os ocurre entrar en el campo de descarga?
Preguntó Matías.
-no se hermanito, teníamos ganas de verte y de saber que estabas bien.
-bueno, está bien, pero no volváis a hacerlo.
-¡lo prometemos! Gritamos las dos a coro como soldados.
-bueno, será mejor que me valla a casa antes de que mi padre llame una patrulla de búsqueda.
-está bien, nos vemos mañana en clase.
-claro. Adiós.
Es sencillamente magnifico, la historia atrae fuertemente al lector, siento ganas de seguir leyendo. Sigue haciendolo tan bien como hasta ahora :D
ResponderEliminaroooh gracias querido lector al que no conozco ;) wajajaaj. un beso: melodía de verano
ResponderEliminar