- vamos a comenzar la clase presentándonos uno por uno para irnos conociendo, ¿de acuerdo? Bien, iré pasando lista.
-Sofía
-presente
-Ángela
-presente
-santos
-presente
-Sara
-aquí.
-¡ah! Tu eres la joven valiente que se cuela en el campo de descarga ¿eh? No sabia que ahora cualquiera podía ser militar…
Toda la clase esbozaba una pequeña sonrisa y cuchicheaban sobre el chistecito del nuevo profesor, Will.
Cuando terminaron las clases espere a que saliesen todos excepto el profesor.
-exijo disculpas
-¿perdona?
-me has ofendido y delante de toda la clase, yo no he hecho nada.
-disculpa si te he ofendido pero quería que entendieses que hay ciertas cosas que una niña como tu no pueden hacer. Y por cierto soy tu profesor asíque no me tutees por favor.
Una vez más se alejo sin dejarme terminar de hablar. Cuando sus labios dejaron de dedicarme aquellas palabras y me dio la espalda sentí un dolor en el pecho que no sabia exactamente que significaba.
Aquella tarde sin previo aviso marcos vino a casa.
-Ding dong.
-Sara, hija abre tu.
Abrí la puerta.
-¡hola, marcos! ¿Qué haces aquí?
-necesito que vengas conmigo a un sitio.
Lo dijo casi en un susurro.Subí las escaleras sin dejarle terminar.
-papá, ¿puedo ir a dar un paseo con Marcos?
-¿Qué? ¡Claro! Ve y diviértete pero no vengáis tarde.
-si.
Bajé y Salí de casa cogida de la mano de Marcos. Llevábamos un rato caminando pero aun no habíamos dicho nada.
- ¿a donde vamos?
- Necesito que me acompañes a ver a…. ya sabes. No quiero utilizarte pero mis padres empiezan a desconfiar de mí y yo no quiero ser un esclavo.
- Está bien, no me importa, si tú eres feliz con ella…
- Si bueno, ejem, soy feliz con ella.
No se cuanto tiempo exactamente pero un rato después llegamos a una casa grande con el tejado blanco recién pintado y la pared verde adornada con un montón de enredaderas. Era muy hermosa.
-es aquí. – dijo cuando se dio cuenta de que la miraba asombrada.
Entramos por una pequeña puerta trasera que daba al jardín y supongo que por la que se accedía también a la cocina.
-toma. –me dio un silbato dorado muy pequeño.
-si ves venir a alguien tócalo ¿vale? Te pido que tengas cuidado de que no te vean.
-claro, ve tranquilo, aquí te espero. Y dile que estoy aquí para lo que necesite.
Después entró por la puerta de lo que como yo había supuesto era la cocina y desapareció.
Una hora mas tarde, cuando ya me empezaba a quedar dormida, escuche el motor de un coche nuevo. De el salieron dos personas. Supuse que un matrimonio y probablemente vivían en esa casa, así que cogí el silbato y toque dos veces. El matrimonio iba hablando y se dirigían a la puerta principal. Al ver que Marcos no aparecía volví a tocar el silbato otra vez y justo cuando termine, Marcos salio corriendo de la casa.
- ¡vámonos!
Me cogió de la mano y empezamos a andar a un ritmo de paseo pero sin pausa y sin mirar atrás. Después de un rato caminando decidí hablar.
-¿Qué tal esta?
-¿Qué?
-que como esta….ella.
- ¡ah! Bien.
Le note frío asíque no volví a hablar hasta que me llevo a casa.
- bueno, gracias por acompañarme.
- De nada. Cuando me necesites…aquí estoy.
Me dio un beso en la mejilla y se marcho.
Pasaron dos meses y el curso de la vida iba avanzando aunque a un ritmo desesperadamente lento. Mi padre y los señores Stewart no cabían en su dicha, no paraban de hablar del compromiso, de lo felices que seriamos todos, incluso de tener hijos. Aunque lo del compromiso no se detenía y parecía ir en serio yo me lo tomaba con mucha calma, lo cierto es que confiaba en Marcos, no me defraudaría. Delante de la gente fingía estar tan emocionada como debía, pero la verdad, cada vez que le mentía a Ángela diciéndole lo feliz que era…no me gustaba hacerle eso pero era necesario. En las clases todo iba…bien, supongo. El profesor, will, empezaba a mostrar un lado que nunca pensé que tuviera, un lado divertido e infantil. Pero cuando me miraba, era como si estuviese descubriendo algo de mucho valor y seguía teniendo esa mirada suplicante, pero seguía siendo mas frio conmigo que con los demás.
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